Producimos cultura gitana pero rechazamos el concepto de culturalismo. Una entrevista con el grupo de teatro gitano feminista Giuvlipen

Giuvlipen, son una compañía de teatro de mujeres gitanas y feministas que viene a desafiar nuestras propias convenciones culturales y políticas. Agradecemos a la revista Hysteria que nos autoricen a traducir la entrevista que les hicieron el año pasado en: http://www.hystericalfeminisms.com/producing-roma-culture-while-rejecting-the-concept-of-culturalism/.

Este artículo traducido forma parte de “Bitácora gitana. Recorridos culturales por la diversidad” un microsite de temática cultural iniciado en 2016 por la Fundación Secretariado Gitano, coordinado por Miguel Ángel Vargas Rubio.

Seguimos traduciendo artículos y entrevistas de creadores gitanos para acercarlos al público castellanoparlante. La, por estudiar y compartir, historia de los gitanos en el teatro tuvo una época de florecimiento en dos etapas del siglo XX. La primera, hacia 1930, y apadrinados por el maestro Stanislasvki, en que aparece el Teatro Romen de Moscú, que ya va por la tercera generación de actores y un repertorio en romanés que ya quisiéramos por estos lares cervantinos. La segunda, desde el fulgor de los años 70 y bajo la influencia del llamado Tercer Teatro, Roma Theater Pralipé dejó una profunda huella contemporánea que recorrió las países del Telón de Acero y de allí llegó hasta la Europa actual. Divadlo Romathan, Cirque Romanes, Khamorró Festival… son otras compañías y festivales donde los creadores teatrales gitanos pueden seguir reclamando su espacio y su voz.

El siglo XXI viene fuerte a pesar de que los apoyos institucionales son escasos y los programas de realities vuelven a hacer difícil el captar la atención de un posible futuro público que quiera romper sus prejuicios.

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Como buenas artistas de hoy pueden seguirlas en sus perfiles sociales:

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http://giuvlipen.tumblr.com/

Agradecemos a la revista Hysteria que nos autoricen a traducir la entrevista que les hacen.

Producimos cultura gitana pero rechazamos el concepto de culturalismo. Una entrevista con el grupo de teatro gitano feminista Giuvlipen

Salomé Kokoladze: ¿Cómo nace el grupo Giuvlipen?

Giuvlipen: La idea de tener un Teatro Feminista Roma[1] estable empezó en Bucarest en 2014. Existía un grupo grande de actrices gitanas en Bucarest, pero no estábamos conectadas. Algunas de nosotras nos reunimos en varias ocasiones y tuvimos muchos debates sobre nuestro primer proyecto como grupo. Cinco de nosotras, Mihaela Drăgan, Zita Moldovan, Vera Linguraru, Elena Duminica y Mihai Lukács comenzamos a trabajar juntas a principios de enero de 2015. Nuestro primer espectáculo juntas, Consolador Gadjo, comenzaba como un taller de narración colectiva donde discutíamos nuestras experiencias como mujeres gitanas en relación con los hombres gitanos y con los hombres y mujeres no gitanos. La mayoría de las historias eran divertidas y románticas, pero también trágicas, en el sentido de cómo son tratadas las mujeres gitanas porque ser gitanas.

SK: Como se indica en vuestro manifiesto, Giuvlipen (“feminismo” en romanés) “es un grupo de teatro feminista, sobre y para mujeres gitanas, que tiene como objetivo el contribuir al empoderamiento de las mujeres gitanas en sus comunidades.” ¿Por qué elegís esta forma específica, el teatro, para luchar por los objetivos feministas?

GP: Algunas de nosotras teníamos experiencia previa en trabajos con grupos de lucha por los derechos de las mujeres gitanas y todas tenemos experiencia teatral. Hemos estudiado Arte Dramático y hemos trabajado como actrices profesionales. Giuvlipen también tenía el objetivo de reunir nuestros proyectos anteriores. Por ejemplo, hemos adoptado dos espectáculos anteriores: Del DumaCuéntales sobre mí (un monólogo de 2013 sobre el matrimonio precoz y sobre cuatro mujeres gitanas muy diferentes) y La Harneala (La Paliza) (producido en 2014 con mujeres desahuciadas del barrio Rahova-Urano, en Bucarest, la mayoría de ellas de origen gitano). Estos dos espectáculos tuvieron un impacto significativo en el público y tras esta experiencia, nos hemos mostrado cada vez más preocupadas por la causa de las mujeres gitanas en nuestros proyectos artísticos. También esto ha influido en nuestra idea de tener un teatro de mujeres gitanas hecho por actrices gitanas. Para responder a su pregunta, nunca separamos nuestra práctica teatral de nuestro activismo, crecieron juntos.

También creemos que estamos en el momento adecuado para que el arte Roma, el arte gitano, se haga visible, siendo el teatro nuestra principal arma para luchar por los objetivos feministas y antirracistas. Nuestra lucha está también en cuanto a la representatividad, ya que somos la única compañía de teatro gitana en Rumania. Incluso si las instituciones estatales apoyaran oficialmente el teatro hecho por minorías étnicas (húngara, judía, alemana, etc.), nunca señalarían la necesidad de que la minoría gitana (una de las mayores minorías étnicas que viven en Rumania) tuviera un teatro propio. Hasta ahora, no hemos recibido ninguna financiación del Estado rumano para nuestros diversos proyectos.

SK: El contar cuentos[2] puede tener múltiples significados y manifestaciones. Me encontré con una cita el otro día sobre la narración de Petra Kuppers que decía: “No estoy interesada en la divulgación. Estoy interesada en la descarga”. Los miembros de las comunidades marginadas a menudo no tienen ni el espacio, ni el estado emocional, ni pueden permitirse el lujo de expresar historias de forma divulgativa; muchas veces las historias feministas salen en forma de grito, náuseas, descarga… ¿Qué significa el contar historias para vuestro grupo? ¿Quiere esto decir que vuestras historias cambian cuando se presentan ante públicos diferentes (público gitano o no gitano)?

GP: Sí, también creo que más allá de la función educativa de la narración, tenemos que recuperar el espacio con nuestros cuerpos y nuestras voces. El arte de los gitanos siempre ha estado marginado debido a la segregación de la población gitana como grupo. Nosotros, las actrices gitanas de Giuvlipen, tenemos interés en hablar de nuestras experiencias a través del teatro como respuesta a esta marginación, y también en hablar en contra del patriarcado gitano y no gitano, aquel que no nos permite tener nuestra propia voz. Incluso si nuestro mensaje es el mismo cuando actuamos delante de comunidades gitanas y delante de las no gitanas, las reacciones son muy diferentes. Por un lado, provocamos una fuerte introspección y auto-conciencia sobre situaciones existentes en las comunidades gitanas. Por otro lado, hay una cierta curiosidad de las mujeres no gitanas por las mujeres gitanas, un deseo de saber más acerca de nosotras y escuchar nuestras historias aún no escuchadas. Para nosotras, fue una sorpresa el observar a través de nuestro público cuán invisibles eran las mujeres gitanas en realidad y cómo el simple hecho de nuestra existencia era una novedad.

Al mismo tiempo nuestros espectáculos no sólo van de contar historias para crear arte. Queremos que nuestros espectáculos vayan más allá del marco activista, y buscamos nuevas formas de expresión para crear un nuevo arte gitano hecho por mujeres. Estamos dispuestas a explorar nuevas fronteras, formas más experimentales y contemporáneas de expresión, que hablen sobre nosotras, como mujeres gitanas, y dirigirnos a nuestro público, el  gitano y el no gitano.

SK: ¿Qué papel tienen la literatura gitana y las narrativas culturales en sus actuaciones? En vuestro espectáculo Invocando a Sara Kali, pudimos ver a una figura masculina vestida con un traje tradicional de mujeres gitanas. Me pregunto ahora por la definición de un “teatro de mujeres gitanas” ¿Qué sentido tiene la palabra “mujer” en vuestros espectáculos y en qué medida desafiáis los límites del género?

GP: La literatura gitana local es escasa y no tan accesible, mientras que algunas de las narrativas culturales no concuerdan con nuestros puntos de vista políticos. Aún así, trabajamos con ellos y los adaptamos. Estamos en constante diálogo con la cultura gitana y la mayoría de las veces, nos vemos obligados a crear nuevas narrativas con las que interpretar. Sara Kali, la santa gitana, fue una inspiración para nosotras: tomamos algunas de las oraciones y poemas tradicionales dedicados a ella por los creyentes gitanos y empezamos a improvisar a partir de ahí. Quisimos hablar con Sara Kali sobre la doble discriminación que encaran las mujeres gitanas de hoy en términos de racismo y sexismo individual y sistémico, pero también sobre las mujeres gitanas que tienen que tratar con el patriarcado dentro de las comunidades tradicionales (sobre todo en la forma de matrimonios precoces y falta de acceso a la educación de las niñas). Nuestro espectáculo también trató esta doble discriminación tal como aparece en el discurso del odio y en las representaciones estereotipadas de las mujeres gitanas. Hemos creado una especie de diálogo con la voz del opresor, una máscara del hombre blanco. En cuanto a la literatura, estábamos en gran medida influenciadas por los artículos de Jean Genet sobre Angela Davis y los Panteras Negras en El enemigo declarado[3].

Sara Kali, el personaje mítico, la santa no reconocida por ninguna iglesia, fue especialmente venerada por las mujeres gitanas durante siglos a las que ofrecía fuerza y compasión. Sentimos la necesidad de la misma protección, pero también la necesidad de ofrecer al público gitano algún tipo de protección y bendición espiritual cuando se enfrentan todos los días al racismo, a la discriminación, a ser el chivo expiatorio, al sexismo, a la homofobia y al odio (lo que llamamos en el espectáculo “el león que ruge con deseos de devorarme”). Es un espectáculo muy cambiante. La primera vez en Viena actuamos en inglés en un festival feminista queer (Kvir_feminist_actziya[4]) y luego para el festival de la Asociación Internacional del Espectáculo en Bucarest. Más tarde, la tradujimos al rumano y la adaptamos mucho para una actuación como parte de la exposición la “Congregación de las Descastados[5], en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Bucarest. Para esta última actuación hemos colaborado con Paul Dunca, un artista, coreógrafo, bailarín y activista queer local. Nos dimos cuenta de que nuestro foco de atención se dirige a diferentes grupos oprimidos a través de su poesía, si tomamos en consideración que estamos abordando a los gitanos, queers o personas trans, y más específicamente, a las personas gitanas LGBTQA[6]. Tratamos de romper los roles de género estrictos y la heteronormatividad de algunas tradiciones gitanas a través de este espectáculo al trabajar juntando un imaginario y una sensibilidad queer con uno gitano tradicional. En Consolador Gadjo, hemos explorado este tema aún más al hablar de una personaje lesbiana gitana que enfrenta la homofobia de su comunidad y el problema de los roles de género estrictos en términos más explícitos.

SK: Una de vuestros espectáculos, La Harneala (La Paliza), se refiere al tema de los desahucios de las personas gitanas. Esto sigue siendo un gran problema hoy en día. ¿Qué papel creéis tiene el feminismo en la lucha contra este tipo de prácticas gubernamentales abusivas?

GP: Cuando empezamos a implicarnos como artistas y activistas en la lucha de las personas gitanas desahuciadas, nos dimos cuenta de que las mujeres eran las más afectadas en este proceso de desalojo como madres y esposas que tenían que cuidar de sus hijos y aún hacer todas las tareas del hogar en circunstancias todavía más difíciles. Las mujeres eran las miembros más activas de sus comunidades (mucho más visibles que los hombres) en la organización de protestas, en la movilización de la comunidad y en el aumento de la toma de conciencia de su situación. A algunas mujeres desahuciadas o que iban a ser desahuciadas del barrio de Rahova-Urano se les ocurrió la idea de colaborar con nosotras con el objetivo de hacer una obra de teatro que contara sus experiencias. Sabían que el arte podría ser utilizado para exponer y debatir situaciones de opresión, para explicar de una manera humorística su lucha contra los tiburones inmobiliarios y las instituciones del Estado, y para encontrar nuevos aliados en sus protestas contra el desalojo. De esta manera, la solidaridad y el trabajo conjunto con estas mujeres en su propio barrio era un objetivo feminista en sí mismo. Todas pensamos que el feminismo tendría mucho que aprender de estas mujeres gitanas que viven en los márgenes de la sociedad, en las condiciones más precarias, y creemos que las feministas tienen que ponerse de su lado de una manera más activa.

SK: Uno de los puntos en el manifiesto es que “Histeria es un borne colectivo de yuxtaposiciones y entrelazamientos de múltiples feminismos que reaccionan frente a historias de sometimiento”. ¿Qué pueden las feministas aprender al escuchar las voces de las feministas gitanas y qué significa el feminismo para vosotras?

GP: Nuestro feminismo se duplica por nuestra constante lucha contra el racismo. El feminismo y la lucha contra el racismo no son dos luchas separadas para nosotras, sino un mismo asunto, porque sentimos y experimentamos el sexismo y el racismo de una manera específica, y no puede ser entendido a menos que una sea una mujer de un grupo étnico discriminado. Por eso, pensamos que el “Feminismo gitano” debe ser utilizado como un término específico en sí mismo, no como una versión de otros feminismos o activismos gitanos. Nos sentimos muy conectadas con el “feminismo Negro”, con el “Mujerismo”, con el “feminismo interseccional”, con el “feminismo del Tercer Mundo”. Nos hacemos mucho eco de estos movimientos, de sus historias y sus ideas. Si por “feminismo” quieres decir “feminismo blanco” nosotras pensamos que entonces las feministas podrían encontrar maneras de utilizar sus propios privilegios en ser nuestras aliadas, para mostrar una solidaridad concreta y para darnos un poco de espacio donde hablar de nuestros problemas específicos. Pueden aprender a no utilizar un punto de vista general que, al fin y al cabo, nos excluye. Vemos a las feministas como nuestras hermanas pero nos alejamos cuando callan ante situaciones de agresión contra las mujeres gitanas, las mujeres lesbianas o las trans (especialmente cuando esta agresión se lleva a cabo en las burbujas de los movimientos sociales), o cuando se nos acusa de hacernos constantemente la víctima. Por desgracia, en la sociedad en la que vivimos, muchas mujeres gitanas son víctimas directas del patriarcado, del clasismo y del racismo, queramos verlo o no.

SK: ¿Cómo se puede ir desafiando la visión patriarcal y heteronormativa dentro de vuestra comunidad sin perpetuar el estereotipo de que las comunidades gitanas son “esencialmente” homofóbicas / patriarcales?

GP: Esta es una buena pregunta porque siempre tenemos que equilibrar cuánto hablamos de la opresión que sufren las mujeres gitanas en su comunidad y a la vez no perpetuar los estereotipos negativos sobre la población gitana como un grupo homogéneo. Siempre tratamos de proporcionar un contexto cuando hablamos de estas cosas. La homofobia y el patriarcado no son sólo problemas de la comunidad gitana, son problemas de nuestra sociedad en su conjunto.

Cuando oímos, por ejemplo, que la violencia de los hombres gitanos contra sus mujeres e hijas es nuestro problema cultural como pueblo gitano porque no tenemos educación, somos salvajes o hay algo en nuestra sangre que nos hace agresivos, tratamos de explicar el racismo de estas falsas ideas. Por supuesto, la violencia de género está muy presente tanto en los grupos de clase media blanca con estudios como en las familias no gitanas. La homofobia no es tampoco específicamente un problema gitano, podemos ver su cara amarga en todos los grupos sociales. Diversos estudios y encuestas recientes muestran una por desgracia preocupante reacción violenta y un aumento de la homofobia, especialmente entre los adolescentes en Rumania.

Incluso si a través de nuestras actuaciones producimos cultura gitana, rechazamos el concepto de interculturalidad. No creemos que estemos determinados en nuestras acciones y pensamientos sólo por nuestra cultura, entendida como una entidad cerrada y orgánica. Históricamente, las comunidades gitanas se aislaron principalmente como una forma de protección contra el racismo de la población no gitana, y vemos crecer esta tendencia cuando el rechazo por parte de la sociedad aumenta. Cuando la sociedad mayoritaria en la que vivimos se abre y sinceramente nos da la bienvenida, aceptamos la oferta.
NOTAS:

[1] Roma: establezcamos el código oficialmente aceptado de usar Roma para referirnos al todos los gitanos pero usaremos eventualmente el adjetivo gitano por su cercanía cultural en español.

[2] Storytelling: suele traducirse como cuentacuentos

[3] El enemigo declarado, textos y entrevistas, Jean Genet,

[4] https://kvirfemactziya.diebin.at/

[5] http://giuvlipen.tumblr.com/post/116715237629/as-part-of-the-congregation-of-the-cast-offs

[6] Lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero.

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